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La promesa de las turbinas flotantes

BuquelandEventos La promesa de las turbinas flotantes

La promesa de las turbinas flotantes

A 23 kilómetros de las costas de Fukushima, anclada en el fondo marino con poderosos cables metálicos, y levantándose por encima de los 100 metros sobre una plataforma flotante, se encuentra “el símbolo del futuro de la energía eólica” (palabras mayores del gobernador Yuhei Sato).

Japón ha decidido apostar fuerte por las turbinas flotantes en el mar. Desde el tsunami que provocó el “apagón” nuclear, el reino del sol naciente se ha puesto a la cabeza mundial en una tecnología innovadora que puede abaratar los costes, facilitar la instalación y posibilitar los parques eólicos offshore a profundidades superiores a los 50 metros (uno de sus principales obstáculos para su implantación en España).

Desde hace dos años, el primer aerogenerador flotante de dos megavatios está ya conectado a la subestación del parque eólico Fukushima Forward, que acaba de dar la bienvenida al hermano mayor de siete megavatios, preparado para soportar olas de más de 20 metros.

El Gobierno japonés se ha puesto manos a la obra y ha logrado vencer las tradicionales resistencias a la eólica “offshore”: desde el rechazo de la opinión pública a las presiones de la industria pesquera. El consorcio formado en el 2012 con una decena de instituciones y empresas -de la Universidad de Tokio a Marubeni, pasando por Mitsubishi o Hitachi- ha servido para impulsar en tiempo récord el desarrollo de las turbinas flotantes.

A diferencia de las turbinas convencionales, “clavadas” sobre el lecho marino, las flotantes reposan sobre una estructura a modo de balsa, “anclada” con cables al fondo. Las complicaciones técnicas para la estabilidad y el encarecimiento de las conexiones eléctricas eran ahora los dos principales obstáculos que poco a poco van remitiendo.

Pioneros

Dinamarca, a través del proyecto Deepwind, tomó posiciones hace tiempo en la carrera de los aerogeneradores flotantes. Portugal puso, en cualquier caso, la primera pica en Europa con Windfloat, la turbina desarrollada por la empresa norteamericana Principle Power en colaboración con EDP e instalada frente a las costas de Agucadoura (el siguiente paso podría ser la construcción de un parque piloto de 25 megavatios en el país vecino).

Noruega ha sido también el laboratorio de pruebas para el proyecto HiPRWind, para la construcción de turbinas flotantes, en el que llegó a participar Acciona,junto con una veintena de compañías y centros de tecnología de ochoel países europeos. El proyecto preveía incluso la instalación del primer aerogenerador flotante a unos 100 metros sobre el lecho marino en aguas del Cantábrico. Pero las eternas dificultades de la eólica offshore en nuestras costas frustraron la participación española en el proyecto.

Iberdrola ha decidido sin embargo lanzarse de lleno a la promesa de las turbinas flotantes y lleva años investigando e invirtiendo en las nuevas tecnologías. Aprovechando su implantación en el Reino Unido, líder mundial de eólica marina, la compañía española se ha asociado con la Universidad de Strathclyde y con ORE Catapult para dar alas al así llamado proyecto TLPWind (que toma su nombre de la Plataformas con Piernas Tensionadas).

“Estamos ante una tecnología que permitiría el desarrollo de parques eólicos marinos en España en aguas de gran profundidad, que ha sido siempre nuestro gran hándicap”, advierte Juan Amate, responsable de tecnologías “offshore” de Iberdrola. “Al poder instalarse lejos de la costas, además, el impacto visual sería mucho menor. Los costes de instalación y mantenimiento se reducirían también notablemente… Este proyecto nos permitiría poner el ADN español en una tecnología clave para el futuro de la energía eólica”.

Anclaje de las turbinas

Nos encontramos con Juan Amate en el Canal de Experiencias Hidrodinámicas de la Escuela de Ingenieros de Canales, ante el diseño a escala 1/40 de una de las turbinas con cimentaciones flotantes y en uno de las pruebas de fuego de la nueva tecnología. Se trata de simular el arrastre de un aerogenerador con un mecanismo de flotadores reutilizables hasta un hipotético punto de anclaje, a 80 o hasta 100 metros de profundidad, soportando en el camino grandes temporales…

“Lo primero que tenemos que hacer es probar esta tecnología a escala real y en aguas abiertas”, asegura Amate. “En un plazo de tres, cuatro o cinco años, los primeros parques de turbinas flotantes serán una realidad comercial y se abrirán las puertas a una nueva era de la eólica marina”.

La cimentación de las turbinas flotantes se efectuaría con líneas de fondeosimilares a las usadas plataformas petrolíferas. Los cables de acero unirían los cuatro pontones sobre los que descansa el aerogenerador con el punto de anclaje en el fondo marino.

“Una de las principales ventajas es que los aerogeneradores se trasladarían completamente montados desde puerto”, agrega Amate. “Se reducirían así las tareas en el mar, tanto de instalación como de mantenimiento. Las centrales “offshore” no sólo serían más competitivas, sino que te podrían instalar en profundidades que hasta hace poco eran impensables. Y se podría además “hibridar” los parques para aprovechar también la energía de las corrientes”.

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